La maldición de los 27 años

Ha vuelto a ocurrir. Una vez más nos deja antes de tiempo un artista del panorama musical y además a los 27 años de edad. Esta vez ha sido Amy Winehouse.

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El pasado 23 de Julio de 2011, supuestamente a causa de una sobredosis, la chica mala del Soul se ha sumado al club de los músicos fallecidos a los 27 años. Ha muerto sola cuando más acompañada tenía que haber estado ya que supuestamente la apartaron de la gira para ayudarla a volver a los escenarios a dar la mejor y más digna versión de Amy. Pero estaba a solas con la peor compañía que podía tener, ella misma.

Acaba así una historia de talento, polémica y autodestrucción. Con solo dos discos de estudio, y uno tercero pendiente de editarse ya como póstumo, está ahora a la espera de ver si se convierte en leyenda o no.

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El club de los que viven rápido, mueren jóvenes y dejan un bonito cadáver (James Dean) lo forman una larga lista de ilustres, y no tan ilustres, figuras de la música rock y derivados. A todos nos viene a la cabeza Kurt Cobain que revolucionó el panorama del rock con su grunge. Líder de Nirvana, banda en la que reclutó a la batería a Dave Grohl (Foo Fighters), y creador de himnos del rock como “Smells like teen spirits” murió en 1994 de un disparo en la cabeza. Supuestamente suicidio pero aún se sigue debatiendo sobre si hubo algún asesinato enmascarado.

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El abuelito Hendrix murió allá por 1970. Ahogado en su propio vómito tras quedarse dormido en el sofá habiéndole sentado mal el vino que tomó en la cena con los medicamentos que justamente estaba tomando. Fué en su apartamento de Londres donde aprovechaba a mantener veladas tranquilas. Si se excedía pero no la noche en la que murió. También publicó muy pocos discos de estudio en solitario antes de morir, como Amy. Solo edito tres y el cuarto lo dejo preparado y se editó ya postumamente. Y después una infinidad de refritos, nuevas mezclas, directos (algunos con otros artistas del club de los 27)… El revolucionó la historia de la guitarra eléctrica y rock, su influencia sigue latente en nuestros días y sus temas siguen siendo actuales.

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El mismo año murió Janis Joplin, la reina del rock and roll. La hippie de voz rotísima murió por una sobredosis de heroína. Un año más tarde le llegó el turno a Jim Morrison. Cantante, poeta, actor y, por supuesto, vocalista de los Doors. Apareció muerto en su bañera y supuestamente no se hizo una autopsia que diga las causas de su muerte, aunque se cree que pudo ser por su adicción al alcohol.

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También conocido es el caso de Brian Jones. Fué el multi-instrumentista miembro fundador de los Rolling Stones. Abandonó la banda por roces y discrepancias con Jagger y el multi-tóxico Keith Richards. Al de poco tiempo apareció muerto en su piscina en 1969.

La lista continua con personajes no tan conocidos como Kristen Plaff. Fué la bajista del grupo Hole, banda de la ex-viuda de Kurt Cobain, Courtney Love. Con problemas con la heroína ya de antemano, cayó en una depresión a raíz de la muerte de Kurt Cobain con el que tenía una buena relación y al que admiraba. Apareció muerta en 1994, poco después que Kurt, por sobredosis de heroína.

El rey del Delta blues, Robert Johnson, con un registro de tan solo 29 canciones es una de las principales influencias de artistas como Clapton, Hendrix o Dylan.  Se cuenta que vendió su alma al diablo y este se la cobró en Misisipi en 1938. Lo que no se han puesto de acuerdo es si se la cobró mediante neumonía, sifilis o por envenenamiento.

Para seguir con la lista con miembros no tan conocidos empezaremos con el curioso caso de Richey James Edwards. Guitarrista, letrista y compositor de la banda Manic Street Preachers. No se sabe aún a ciencia cierta si pertenece al club ya que no hay cadaver y si no hay cadaver no hay muerte. Pero tras su desaparición en 1995, las autoridades britanicas lo han dado por muerto en 2008.

Sean Patrick McCabe (cantante de Ink & Dagger), Jeremy Michael Ward (The Mars Volta y De Facto), Rudy Lewis (vocalista de The Drifters), Jean-Michel Basquiat (de Gray), Bryan Ottoson (guitarrista de American Head Charge), Mia Zapata de The Gits (violada por dos hombres sin identificar, murió por las lesiones internas sufridas),  Louis Chauvin (miembro fundador del club de los 27), Linda JonesDave Alexander (bajista original de The Stooges), Leslie Harvey (guitarrista de Stone the Crows, se electrocutó durante una actuación), Pete de Freitas (batería de Echo & The Bunnyme, murió mientras grababa un videoclip), Jesse BelvinChris Bell (guitarrista y cantante de Big Star), Jacob Miller (cantante de Inner Circley),  D. Boon (guitarrista de Minutemen)… completan la lista y seguramente se quede alguno en el tintero.

Los músicos que ya hemos superado los 27 años podemos dormir tranquilos.

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La importancia de escuchar y sentir la música (análisis de géneros I)

¿Alguna vez te has preguntado por qué a pesar de que te has aprendido 2.433 licks, tu blues sigue sin sonar como el de B.B. King? ¿Por qué después de haber desmenuzado hasta la última posibilidad armónica que la progresión a la que te enfrentas te permite y después de cinco años de minucioso análisis y haber hallado todos y cada uno de los recursos posibles para, finalmente, crear algo de música, sigues sin sonar como te gustaría?

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Pues bien, si no estás sentado, siéntate y lee con atención lo que a continuación voy a decir. La gran mayoría de músicos a los que admiras, a parte de ser grandes estudiosos, tienen algo más, algo que no te lo va a dar sólo el estudio: tienen musicalidad.

Pero claro, ¿y qué es la musicalidad? te estarás preguntando ahora. Pues la respuesta es bien sencilla: la musicalidad es saber adecuar todos los conocimientos musicales que posees a la pieza y situación concreta en la que tienes que crear música. Para ello tal y como el título del artículo dice, es importantísimo escuchar y sentir la música y no sólo pensarla. El hecho de utilizar una escala u otra, o de resolver sobre una u otra nota no depende del análisis de la progresión y de ver qué funcionaría. Depende del sonido que tú sientes que ahí encaja y después utilizar la escala o nota que te lo da. Para llegar a conseguir esto, estudiar mil licks y escalas al día, en sí solo, no te va a llevar a ningún lado. Debes también escuchar esa música, tocar esa música. El oído irá grabando sus progresiones típicas, tipo de ritmos que utiliza, notas más comunes sobre cada acorde etc en tu memoria musical. De esta manera, la próxima vez que vayas a una jam sabrás que existen los silencios y que en un blues de Buddy Guy un tapping, por mucho que esté en el tono, queda ridículo.

Cualquier guitarrista con algo de experiencia, cuando toca un blues de 12 compases no necesita llevar la cuenta de cuándo viene qué acorde. Tiene el oído acostumbrado y siente cuando cambia al IV y vuelve al I, o cuando llega el turnaround. Por lo tanto, si pudiéramos agrupar las progresiones y rasgos característicos de cada estilo, conseguiríamos una plantilla que se podría después aplicar a cualquier canción que esté dentro este estilo. Con esto, lo que quiero decir, es que gracias a que sabemos como funciona un blues de 12 compases, da igual cuál sea la canción, si esta es un blues de 12 compases, sabremos como ser musicales en ese contexto.

En esta línea voy a intentar exponer las características de distintos tipos de música e intentar que podamos hacer que sean parte de nuestra memoria musical para siempre. Voy a dividir el estudio en cuatro apartados: estructura, armonía y melodía, ritmo y subgéneros.

Vamos a comenzar hablando sobre el BLUES.

1-ESTRUCTURA: Más allá de los 12 compases.

En sus primitivos comienzos, a principios del SXX, la estructura de un blues no estaba sujeta a un número concreto de compases y ni siquiera a un tipo específico de compás. Como ocurre en muchas otras músicas, sobre todo en las que predomina la improvisación del cantante, este puede alargar sus frases más o menos y cambíar de acorde cuando le convenga según lo que esté cantando. Por lo tanto para acompañar a un cantante de este tipo tendremos que afinar el oído y seguir SUS cambios. Ejemplo de ello es Robert Johnson, quien grabo varias tomas de sus canciones y ninguna de ellas es igual a la anterior. Cambiaba de acordes cuando lo sentía y la voz se lo pedía.

Veamos, por ejemplo, el tema “Kindhearted woman Blues” donde la intro esta compuesta por cuatro compases, el primero de 4/4, el segundo de 2/4 y el tercero y cuarto 4/4 a modo de turnaround.

Este tema está tocado con una cejilla en el segundo traste.

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Aquí otro ejemplo de cómo a la hora de tocar se guía por su voz y va cambiando de acordes y compás como los siente:

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La finalidad de estos ejemplos es que escuchando la voz del cantante o la guitarra, puedas sentir que has de cambiar de acordes, que consigas oír ese cambio sin necesidad de medir los compases. Aquí podéis escuchar la versión que se muestra arriba y otra más para que os fijéis en cómo cambia el tiempo, el tipo de compás y los acordes de una versión a otra:

Kind hearted woman blues, Robert Johnson.

En estos ejemplos, si bien podemos apreciar que no hay una estructura específica, podemos ver que su estandarización hacia los 12 compases era inminente. A pesar de ello, se crearon muchas otra formas de blues que sin llegar quizá a ser tan utilizadas como la progresión de 12 compases, crearon también formas estándares que sirvieron de base para otras composiciones.

1.2. Formas estándar

1.2.1. Blues de 12 compases

La estructura básica de un blues de 12 compases es de AAB. Los primero cuatro compases serían la primera A, los siguientes cuatro son una repetición de los primeros, desde el punto de vista melódico, por lo tanto, de nuevo A y los últimos cuatro donde se resuelve para volver al I, serían la B. El movimiento tonal estaría distribuido de la siguiente manera:

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Respetando esta estructura y las funciones tonales de cada área, se puede, después, incorporar más acordes y crear distintas variantes. Estos nuevos acordes van a tener dos funciones básicas:

1- Un movimiento desde y hacia el acorde principal en cada una de las áreas.

2- Un movimiento hacia el siguiente acorde.

De esta forma surge la forma más típica del blues de 12:

imagen4

Pero siguiendo las dos ideas que hemos comentado arriba, también se puede crear variantes mucho más completas, por ejemplo, la siguiente:

imagen5

También es un recurso muy común hacer progresiones de II-V-I a los acordes de cada área.

1.2.2 Blues de 8 compases

Esta es otra progresión típica en muchos temas de blues y la estructura sería la siguiente:

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Después aplicamos las mismas dos reglas que utilizamos con el de 12 y podemos conseguir distintas variaciones. La forma más típica sería la arriba expuesta con un dominante V en el último compás para volver al I. También se utiliza mucho el acorde dominante V sobre el segundo compás como pase hacia el subdominante.

Ejemplos:

Darling you know I love you, B.B. King.

It hurts me too, Tampa Red.

1.2.3. Blues de 16 compases

Esta progresión, casi siempre, surge del de 12 compases, AAB, pero repitiendo y jugando con la duración de cada una de sus partes:

a) Repitiendo la primera parte (A):

imagen7

Ejemplo de esta forma es “I´m your hoochie coochie man” de Willie Dixon, que fue interpretada por Muddy Waters:

I´m your hoochie coochie man, Willie Dixon.

Otro ejemplo, “Oh pretty woman” de A.C. Williams interpretada por Albert King. La versión de Gary Moore tampoco tiene desperdicio.

Oh pretty woman, A. C. Williams.

b) Repitiendo la segunda parte (A2):

See see rider interpretada por Lead Belly:

See see rider, Lead Belly.

Sleepy time time de Jack Bruce interpretada por Cream:

Sleepy time time, Jack Bruce.

c) Repitiendo el compás 9-10, y tocándolo tres veces en total en vez de una el tema Watermelon man de Herbie Hancock:

Watermelon man, Herbie Hancock.

Y siguiendo esta fórmula se pueden crear tantas formas de blueses de 16 compases como queráis. Aquí he expuesto las tres que a mi parecer son las más típicas.

Obviamente todas estas formas pueden ser variadas y cambiadas a gusto del consumidor y hay muchos temas de blues que os podrá parecer no encajan en ninguna de ellas, pero mirad bien de cerca y veréis como por muy distintas que sean todas tiene alguna de estas formas básicas en el trasfondo. Ejemplo, el siguiente blues de nueve compases “Sitting on top of the world” de los Mississipi Sheiks, y que ha sido interpretado por gente como Howlin´ Wolf o Cream.

Sitting on the top of the world, Mississipi Sheiks.

Pues después de este repaso por las formas más típicas del blues, no nos queda sino escuchar, escuchar y escuchar blues y que estas estructuras pasen a formar parte de nuestro oído musical. Os aseguro que cambiará vuestra capacidad de improvisación tremendamente. En el siguiente artículo hablaremos de la armonía y melodía en el blues, sobre el ritmo, y sobre los distintos subgéneros.

Por cortesía de David “Buke” Vila y Cutaway Guitar magazine.

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La importancia de escuchar y sentir la música (análisis de géneros I).

David “Buke” Vila.

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